Todos sus amigos y seguidores que habían aceptado su minuciosa y brillante técnica, se sumaron a la temática a lo largo de los años sesenta y setenta. Entre ellos Moragas, Ricardo de Madrazo, Agrassot, el italiano Attilio Simonetti, y Tapiró,quien excepcionalmente, y tras la muerte de su inseparable amigo Fortuny, en 1876 se trasladó a Tánger. Allí compró un antiguo teatro que habilitó como taller, donde pasó el resto de su vida, trabajando en una línea propia: el retrato, representando la variedad de razas que pueblan el norte de Marruecos,llevando una vida en contacto con la alta sociedad, y participando de buenas amistades que le permitirán representar insólitas escenas como interiores del hermético mundo femenino.

 Otros seguidores de Fortuny como Virgilio Mattoni, Jiménez Aranda y José Villegas sucumbieron a sus directrices estéticas, y seintegraron en el tratamiento de esta temática, pero sólo el último de ellos visitó el norte de Africa. En 1873 se funda la Academia Española en Roma, lugar de encuentro de las jóvenes promesas pictóricas, que por supuesto en su educación recibirán el influjo dejado por la estela del gran Fortuny. 

De este modo generaciones que no pudieron conocer personalmente al maestro del Preciosismo se vieron influidos por su estética y por su temática, como Fabrés y Costa, Ulpiano Checa, Salvador Viniegra,etc., así como Gonzalo Bilbao, o José Benlliure. Estos dos últimos decidieron no sólo continuar con unas directrices estéticas, sino volver al origen de la temática y, como Fortuny, realizar un viaje a Marruecos y extraer su propia visión y al mismo tiempo su propia experiencia técnica. Esta postura corresponde a la década de los ochenta, cuando el Realismo hace presencia en las Artes, y como buenos representantes de este movimiento, tanto Bilbao como Benlliure, necesitaron documentarse personalmente.

Otro pintor que se escapa de los conceptos generales es José Navarro, que sin duda estuvo en Marruecos, y que lo representa de manera muy sugerente, con pérdida del Realismo en ciertos óleos evocadores, así como la frecuente presencia de cielos muy nubosos e incluso tormentosos que dan un grado de originalidad alejado del idílico concepto «oriental».

Todo este grupo de pintores deben la mayoría de sus repertorios a los tratados por Fortuny, abundando los exteriores: calles y zocos,vendedores y paseantes, y los tipos característicos fumando sus pipas o sus narguiles, mendigos, soldados,guardianes de mezquitas, etc. y en mínimo porcentaje aparecen las mujeres. Estas escenas creadas en el taller están ambientadas como objetos que Fortuny había traído de Marruecos o que él mismo había fabricado en Granada, constituyendo todo un bodegón marroquí: vasijas, platos cincelados, alfombras,espingardas, babuchas, polvoreras,dagas, etc., que si bien componían la escenografía adecuada, hacían perder la inmediatez que posee la obra de Fortuny. Los interiores son más frecuentes en los pintores que conocieron Marruecos, con escenas de café y pasatiempos, así como vistas panorámicas, las caravanas y las festividades o ritos como correr la pólvora. 

A lo largo de la primera mitad de este siglo, los contactos bélicos políticos devuelven el interés por la temática, sobre todo desde la instauración del Protectorado, ocupándose los pintores de dar una imagen más verosímil de la realidad norteafricana. Hemos de destacar la figura de José Bertuchi, quien llevó a cabo una magnífica labor de recuperación de las artes indígenas, ejerciendo cargos públicos y transmitiéndonos la imagen del Marruecos de medio siglo. Podemos considerarle el paisajista urbano de Marruecos, ya que empleó más de cincuenta años en representar vistas de sus ciudades en panorámicas o rincones de sus patios, calles, mercados, callejuelas o singulares edificios. Su pintura, luminosa y empastada, no rompe las premisas decimonónicas de las que parte, pero sus calles y zocos están tratados con sincera objetividad, constituyendo todo un testimonio documental.

También en este sentido se puede calificar la obra de Ricardo López Cabrera que residió en Marruecos en la década de los treinta, la de Juan Francés y Mexia y la de José Cruz Herrera que nos muestra a través de su libre aplicación del color una visión cálida y sensual de Marruecos, acercándonos a sus pobladores por medio de atractivos retratos, incluso las vanguardias se aplicaron a la temática marroquí, con el lenguaje fauvista empleado por Francisco Iturrino que acompañado de Matisse visitó Tánger en 1911. El resultado se plasma en zocos, grupos de moros y odaliscas, donde el protagonista es el color, que inunda la tela en alegres y optimistas composiciones.

 El interés que el tema marroquí ha despertado en los artistas españoles vemos que responde a diversos criterios, pero que a su vez poco tiene que ver con el tratamiento que los orientalistas dan a los países musulmanes. El lujo, la voluptuosidad son conceptos ausentes de la temática marroquí, y que sin embargo están presentes en la oriental. El colorido y las inquietudes por buscar soluciones lumínicas a los fuertes contrastes, fueron los atractivos principales del Magreb, encontrando unos, tipismo de gran valor decorativo, y otros, una sociedad y unas costumbres que les fascinaron, eligiendo su tierra como lugar deresidencia permanente.

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