Joseph Mallord William Turner, de origen humilde, se convirtió en el pintor paisajista más importante y reconocido de la Inglaterra del siglo XIX.

 

La originalidad de Turner lo distingue de sus compañeros.  En los últimos años de su carrera artística, las coloridas y expresivas pinturas de Turner mostraron un abstraccionismo difícil de igualar en el arte europeo de la época.  Influenciado por el concepto de lo «sublime» que aparece en los escritos del político y filósofo irlandés Edmund Burke (1729-1797), Turner moldeó visualmente el poder aterrador y destructivo de la naturaleza.  El crítico de arte John Ruskin (1819-1900) se convirtió en un apasionado defensor de su estilo artístico y afirmó que Turner, en sus paisajes, veía el mundo de una manera diferente y única.

 A principios del siglo XIX, Turner halló su auténtico estilo. Sus pinturas y acuarelas de naufragios, desfiladeros, ciudades y campiñas, son el testimonio que dio al paisaje. La luz y la atmósfera, el color y teatralidad de movimiento serán a partir de este momento el nuevo sello, inconfundible del pintor inglés en el romanticismo.

ACERCA DE SU OBRA: 

En los últimos años de su trayectoria artística, a partir de experimentar con el color, la teatralidad de los sutiles movimientos, Turner creó pinturas únicas que presagiaron lo que sería la obsesión de muchos artistas abstractos modernos. Ejemplo:

Yate aproximándose a la costa

Óleo sobre lienzo

1250 × 1635 × 75 mm

Colección Tate Britain, London 

LA LUZ:

El brillante resplandor que genera el sol en medio de  la composición, amenaza con consumir todo lo que encuentre a su paso, incluyendo los veleros que escapan hacia la costa.

 

EL COLOR:

La dorada brillantez del sol ocupa la composición entera y afecta al resto de las tonalidades. Las aguas, de azul intenso, aparecen seccionadas por unos naranjas amarillentos que se reflejan en las olas. El cielo explosiona en un sutil arco iris de tonos blanco, amarillo, naranja, azul y gris.

 

LA TÉCNICA:

 El elemento más experimental de esta obra es el atrevido manejo de la paleta de colores que crea Turner y la elaboración de la superficie del cuadro. El artista trata la tela fuerza y agresividad y refuerza con ello la imagen de una naturaleza encolerizada.