Con frecuencia recibo consultas de personas que poseen una pintura, una escultura, un mueble antiguo o una colección heredada y se hacen la misma pregunta: «¿Realmente merece la pena realizar una tasación profesional?».

En muchos casos, la duda surge tras una herencia. En otros, aparece antes de vender una obra, contratar un seguro, repartir un patrimonio familiar o simplemente porque alguien desea conocer el valor real de un objeto que lleva décadas formando parte de su hogar.

La respuesta no siempre es la misma. No todas las piezas requieren un informe pericial completo, pero sí existen numerosas situaciones en las que una valoración profesional resulta altamente recomendable e incluso imprescindible.

Como Perito Judicial de Arte y Antigüedades, he comprobado que muchas personas retrasan esta decisión porque consideran que se trata de un trámite innecesario o porque creen que pueden obtener una estimación fiable consultando internet. Sin embargo, el mercado del arte y las antigüedades es mucho más complejo de lo que parece. Dos objetos aparentemente similares pueden presentar diferencias de valor muy importantes debido a su autoría, antigüedad, procedencia, estado de conservación o rareza.

Realizar una tasación profesional no consiste únicamente en asignar un precio. Supone estudiar cada pieza de forma individual, documentarla correctamente y emitir una valoración fundamentada que permita tomar decisiones con seguridad.

¿Qué es una tasación profesional?

Una tasación profesional es un estudio técnico realizado por un especialista que tiene como finalidad determinar el valor de mercado de una obra de arte, una antigüedad o cualquier otro bien de interés histórico o artístico.

A diferencia de una estimación orientativa, una tasación se basa en el análisis directo de la pieza, el estudio de su contexto histórico, la revisión de bibliografía especializada, la comparación con ventas recientes y la aplicación de criterios objetivos ampliamente aceptados en el ámbito del peritaje.

El resultado de este trabajo suele plasmarse en un informe en el que se identifica la obra, se describen sus características, se analiza su estado de conservación y se justifica la valoración económica obtenida.

Este documento puede resultar de gran utilidad en numerosos ámbitos, desde una herencia hasta un procedimiento judicial, una póliza de seguros, una compraventa o una simple decisión patrimonial.

No todas las tasaciones persiguen el mismo objetivo

Uno de los errores más habituales es pensar que todas las tasaciones sirven para lo mismo. En realidad, el objetivo del informe condiciona tanto la metodología empleada como el tipo de valoración que debe realizarse.

No es lo mismo valorar una colección para repartir una herencia que determinar el valor asegurado de una pintura, calcular el precio de mercado antes de una venta o elaborar un informe pericial que pueda ser aportado en un procedimiento judicial.

Por este motivo, antes de iniciar cualquier trabajo resulta fundamental conocer la finalidad de la tasación. Solo así puede elaborarse un informe adaptado a las necesidades concretas del cliente y con la profundidad técnica que cada caso requiere.

Una obra aparentemente sencilla puede esconder un patrimonio importante

La experiencia demuestra que muchas de las piezas con mayor valor económico pasan completamente desapercibidas para sus propietarios.

Es habitual encontrar pinturas atribuidas erróneamente, muebles de autor confundidos con reproducciones, relojes históricos olvidados en un cajón o pequeñas esculturas cuyo interés artístico solo se descubre tras un examen detallado.

También ocurre la situación contraria: objetos que durante años se han considerado muy valiosos y que, tras un análisis profesional, resultan ser reproducciones contemporáneas o piezas de escaso interés comercial.

Precisamente por ello, una inspección realizada por un especialista aporta una visión objetiva y evita tomar decisiones basadas únicamente en la intuición o en expectativas poco realistas.

La experiencia del perito marca la diferencia

El conocimiento del mercado del arte no se adquiere únicamente mediante la consulta de bases de datos o resultados de subastas. Requiere años de estudio, experiencia práctica y un contacto continuo con obras originales, colecciones privadas, museos, marchantes, restauradores y casas de subastas.

Cada obra plantea cuestiones diferentes. En ocasiones es necesario analizar materiales, estudiar procedencias, revisar documentación histórica o comparar la pieza con ejemplos similares conservados en instituciones públicas o colecciones privadas.

Esa capacidad para interpretar correctamente toda la información disponible es la que convierte una simple estimación en una verdadera tasación profesional.