Hay una pregunta que aparece con mucha más frecuencia de lo que la gente imagina y, curiosamente, casi nunca tiene que ver con el valor de una obra de arte. La conversación suele comenzar de otra manera.

«Cristina, solo quiero saber cuánto vale este cuadro. No sé si necesito una tasación, una valoración o un informe pericial.»

Es una duda completamente lógica. En el lenguaje cotidiano utilizamos estos términos como si fueran sinónimos. Hablamos de tasar una pintura, valorar una escultura o hacer un informe sin detenernos a pensar que, desde el punto de vista profesional, cada uno de esos conceptos responde a una finalidad distinta.

A lo largo de mi trayectoria como Perito Judicial de Arte y Antigüedades he comprobado que muchas personas solicitan un servicio más complejo del que realmente necesitan. En otras ocasiones ocurre justamente lo contrario: piden una valoración orientativa cuando, por las consecuencias legales o económicas que tendrá esa información, deberían disponer de un informe pericial elaborado con el máximo rigor.

Comprender la diferencia entre estos tres documentos no solo ayuda a elegir el servicio adecuado. También evita gastos innecesarios, retrasos y, en algunos casos, problemas importantes cuando la valoración debe presentarse ante una administración, una compañía aseguradora o un órgano judicial.

La primera cuestión que siempre planteo al cliente no es qué obra desea valorar. Antes necesito saber para qué necesita esa información. Esa respuesta condiciona todo el trabajo posterior.

No es lo mismo una persona que siente curiosidad por conocer el posible valor de una pintura heredada que otra que necesita repartir una colección entre varios herederos, justificar el valor de una obra ante Hacienda, asegurar una colección o aportar un informe como prueba en un procedimiento judicial.

Aunque el objeto de estudio pueda ser exactamente el mismo, el documento necesario puede cambiar completamente.

Muchas personas creen que una tasación consiste simplemente en poner un precio a una obra. Sin embargo, detrás de esa cifra existe un trabajo de investigación, documentación y análisis que debe adaptarse al uso que posteriormente tendrá esa información.

Por eso, antes de hablar de precios, siempre intento explicar qué necesita realmente cada cliente.

Cuando una valoración es suficiente

Existen situaciones en las que una persona únicamente desea obtener una orientación profesional. Ha heredado un cuadro, está pensando en vender una escultura o simplemente quiere saber si merece la pena profundizar en el estudio de una determinada pieza.

En estos casos, una valoración puede ser perfectamente adecuada.

Su finalidad consiste en ofrecer una opinión fundamentada sobre el interés artístico y económico de una obra, permitiendo al propietario tomar una primera decisión con criterio profesional.

Muchas consultas comienzan precisamente así. Una fotografía enviada por correo electrónico, una breve explicación sobre la procedencia de la pieza y algunas preguntas permiten realizar una primera aproximación.

No obstante, siempre explico a mis clientes que una valoración orientativa tiene sus límites. Hay aspectos que únicamente pueden comprobarse mediante un examen físico y determinadas conclusiones nunca deberían alcanzarse únicamente a partir de imágenes.

Una valoración constituye un excelente punto de partida, pero no sustituye una tasación completa cuando la finalidad del documento exige un mayor nivel de precisión.

La tasación: mucho más que una cifra

CONTINUARÁ… (segunda parte)